Chelsea Hotel

I remember you well in the Chelsea Hotel,
you were talking so brave and so sweet,
giving me head on the unmade bed,
while the limousines wait in the street.
Those were the reasons and that was New York,
we were running for the money and the flesh.
And that was called love for the workers in song
probably still is for those of them left.

Ah but you got away, didn't you babe,
you just turned your back on the crowd,
you got away, I never once heard you say,
I need you, I don't need you,
I need you, I don't need you
and all of that jiving around.

I remember you well in the Chelsea Hotel,
you were famous, your heart was a legend.
You told me again you preferred handsome men
but for me you would make an exception.
And clenching your fist for the ones like us
who are oppressed by the figures of beauty,
you fixed yourself, you said, "Well never mind,
we are ugly but we have the music."

And then you got away, didn't you babe...

I don't mean to suggest that I loved you the best,
I can't keep track of each fallen robin.
I remember you well in the Chelsea Hotel,
that's all, I don't even think of you that often.

(Leonard Cohen, versión de Rufus Wainwright)

Duas lágrimas de orvalho

Duas lágrimas de orvalho
Caíram nas minhas mãos
Quando te afaguei o rosto;
Pobre de mim, pouco valho
P’ra te acudir na desgraça
P’ra te valer no desgosto

Porque choras não me dizes
Não é preciso dizê-lo
Não dizes, eu adivinho
Os amantes infelizes
Deveriam ter coragem
Para mudar de caminho

Por amor, damos a alma
Damos corpo, damos tudo
Até cansarmos na jornada
Mas quando a vida se acaba
O que era amor, é saudade
E a vida já não é nada

Se estás a tempo, recua
Amordaça o coração
Mata o passado e sorri
Mas se não estás, continua
Disse-me isto minha mãe
Ao ver-me chorar por ti

(canción: João Linhares Barbosa / Pedro Rodrigues; foto: Cristina Garñica Rodero)

Del suo veloce volo

E chissà dove sarai, amico.
Ripensandoti ti rivedo in me:
la visione che avevi dell’amore,
la tua ironia... E chissà dove sarai.
Spesso da ragazzi passavamo insieme
sere inutili; e fu in un giorno di festa,
per gioco, lo so, io lo so,
lessi nella tua mano,
vidi sulla mano
la tua fine...
E così oggi, dalla mia memoria,
scelgo il meglio della vita
e del suo veloce volo,
che finisce, come sempre accade, troppo presto.
Qualcosa, un po’ di te,
mi è rimasto dentro indimenticabile.
Per gioco, lo so, io lo so,
lessi nella tua mano,
vidi sulla mano
la tua fine...

(Antony, versión de Franco Battiato)

Soledad

En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!

Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, van y vienen,
besándose, apartándose
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.

Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo siente…
¡Qué plenitud de soledad, mar solo!

(poesía: Juan Ramón Jiménez; foto: q.c.)

Viejo mundo

a Laura


Viejo mundo,
el caballo blanco y negro
del día y de la noche
atraviesa al galope.

Eres el triste palacio
donde cien príncipes soñaron con la gloria,
donde cien reyes soñaron con el amor
y se despertaron llorando.

Un poco de pan y un poquito de agua fresca,
la sombra de un árbol y tus ojos...
No hay sultán más feliz que yo,
ni mendigo más probe.

El mundo, un grano de polvo en el espacio;
la ciencia de los hombres, palabra;
los pueblos, los animales y las flores
de los siete climas son sombras de la nada.

Quiero al amante
que gime de felicidad
y desprecio al hipócrita
que reza una plegaria.

(Omar Khayyam / Kiko Veneno)

Há palavras que nos beijam

Há palavras que nos beijam
Como se tivessem boca.
Palavras de amor, de esperança,
De imenso amor, de esperança louca.

Palavras nuas que beijas
Quando a noite perde o rosto;
Palavras que se recusam
Aos muros do teu desgosto.

De repente coloridas
Entre palavras sem cor,
Esperadas, inesperadas
Como a poesia ou o amor.

(O nome de quem se ama
Letra a letra revelado
No mármore distraído,
No papel abandonado)

Palavras que nos transportam
Aonde a noite é mais forte,
Ao silêncio dos amantes
Abraçados contra a morte.

(letra: Alexandre O’Neill; música: Mário Pacheco; foto: Indiana Caba)

canzone seconda


E’ presto per sapere se ti rincontrerò
in questa o un’altra vita, un’altra realtà,
in un altro quartiere oppure un altro corpo
di questa misteriosa inmensità.
E’ presto per sapere se un giorno avrò due occhi,
due mani per accarezzarti un po’,
due bracci per tenerti e fingere di averti
per sempre come allora.
E’ presto per sapere se un giorno ci sarà
un’altra dimensione, un’altra città,
un’altra melodia, un battito, un sorriso,
una ruga del viso a dire la beltà
di questo nostro amore che valica confini,
che non conosce limiti,
che ha fatto della luce e della verità
la sua canzone, la sua nobiltà.
Amore, amore, amore, generoso sei tu.
Amore, amore, amore, misterioso sei tu.
Amore, amore, amore, valeroso sei tu.
Amore, amore, amore, generoso sei tu.

(Pippo Pollina)


Madrugada sem sono

parabéns, siciliano

Na solidão a esperar-te
Meu amor fora da lei
Mordi meus lábios sem beijos,
Tive saudades, chorei.

Despedi-me do teu corpo
E por orgulho fugi.
Andei dum corpo a outro corpo
Só para fugir de ti.

Embriaguei-me, cantei
E busquei estrelas na lama.
Naufraguei meu coração
Nas ondas loucas da cama.

Ai, abraços frios de raiva!
Ai, beijos de nojo e fome!
Ai, nomes que murmurei
Com a febre do teu nome!

De madrugada sem sono
Sem luz, nem amor, nem lei
Mordi meus brancos lençóis,
Tive saudades, chorei.

(canción: Goulart Nogueira / Raúl Ferrão; foto: Lisboa à noite, EudaldCJ)

El hombre más viejo del mundo

Era verano, era el tiempo de la subienda de los peces, y hacía ciento veinticinco veranos que don Francisco Barriosnuevo estaba allí.
— Él es un comeaños –dijo la vecina. Más viejo que las tortugas.
La vecina raspaba a cuchillo las escamas de un pescado. Don Francisco bebía un jugo de guayaba. Gustavo, el periodista que había venido de lejos, le hacía preguntas al oído.
Mundo quieto, aire quieto. En el pueblo de Majagual, un caserío perdido en los pantanos, todos los demás estaban durmiendo la siesta.
El periodista le preguntó por su primer amor. Tuvo que repetir la pregunta varias veces:
Primer amor, primer amor, ¡primer amor!
El matusalén se empujaba la oreja con la mano:
¿Cómo? ¿Cómo dice?
Y por fin:
Ah, sí.
Balanceándose en la mecedora, frunció las cejas, cerró los ojos:
Mi primer amor...
El periodista esperó. Esperó mientras viajaba la memoria, destartalado barquito, y la memoria tropezaba, se hundía, se perdía. Era una navegación de más de un siglo, y en las aguas de la memoria había mucho barro, mucha piedra, mucha niebla. Don Francisco iba en busca de su primera vez, y la cara se le contraía como un puño.
El periodista desvió la mirada cuando descubrió que las lágrimas estaban mojando los surcos de esa cara estrujada. Y entonces don Francisco clavó en la tierra su bastón de cañabrava y empuñando el bastón se alzó de su asiento, se irguió como gallo y gritó:
¡Isabel!
Gritó:
¡Isabeeeeel!


(Eduardo Galeano)

Locuras

a Laura
Hay locuras para la esperanza,
hay locuras también del dolor
y hay locuras de allá,
donde el cuerdo no alcanza,
locuras de otro color.

Hay locuras que son poesía,
hay locuras de un raro lugar,
hay locuras sin nombre,
sin fecha, sin cura,
que no vale la pena curar.

Hay locuras que son
como brazos de mal:
te sorprenden, te arrastran,
te pierden y ya.

Hay locuras de ley,
pero no de buscar.
Hay locuras que son la locura:
personales locuras de dos.

Hay locuras que imprimen
dulces quemaduras,
locuras de diosa y de dios.
Hay locuras que hicieron el día,
hay locuras que están por venir.

Hay locuras tan vivas,
tan sanas, tan puras,
que una de ellas será mi morir.

(canción: Silvio Rodríguez; foto: Javier Buchberger)