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Dulces mordeduras - Danza humo

“Bueno, mañana nos vemos en el apagón de La Habana vieja”


Defiendo a los amantes perseguidos,
los amantes de citas clandestinas,
los amantes de tanto desatino,
los amantes difíciles, profanos.
Defiendo a los amantes que se esconden
y desbordan en rápidas caricias;
los furtivos, urgentes,
los amantes arriesgados, posesos y valientes.
Defiendo a los amantes que, a su modo,
son felices de amarse, son sinceros.
Los amantes de amores soterrados,
los amantes que juegan con el fuego.
Defiendo a los amantes verdaderos,
los que asumen el riesgo de la noche,
los desnudos amantes de lo oscuro,
desangrándose en dulces mordeduras.
Defiendo a los amantes perseguidos,
los amantes de parques apagados,
los aquellos amantes camuflados,
los defiendo, los cuido, los envidio.

Quiero andar un tramo contigo
hasta que el camino decida.
Quiero empolvar mis zapatos,
asumir las consecuencias.
Ángel que te me apareces
cuando el siglo va a morir,
cuando solté mi papalote,
cuando el río casi es mar…

Quiero andar un tramo contigo
sin exceso de equipaje.
Quiero iniciar este viaje
sin temor al de regreso.
Demonio azul que me llamas
y te echas a correr,
danza,
ve delante,
danza,
humo,
que yo te seguiré.

(Augusto Blanca)

No olvides que una vez tú fuiste sol

No olvides que una vez tú fuiste sol,
no olvides ni la tapia, ni el laurel;
no dejes de asombrarte al asistir
a un nuevo nacimiento en tu jardín.
No pierdas una ventana,
no entregues tus mañanas
de aguaceros y juegos,
ni desentierres tesoros viejos.
No ocultes lo que ayer se te ofreció,
no escondas ni la pena ni el dolor,
no dejes que una nube diga “adiós”,
no saltes en pedazos,
no asustes tu diamante.
No entregues tu perfecto amanecer,
ni tus estrellas, ni tu arena, ni tu mar,
ni tu incansable caminar.
Vete de nuevo hasta el arroyo
donde está tu mejor canto.
Y ve,
cálmale la sed a tus enormes prados,
no permitas que se pierda tu cosecha;
hoy,

que hasta la lluvia fiel no te ha escuchado,
busca tu raíz.
Y dale la caricia, la que siempre espera,
la única manera de hacerla que vuelva
a ofrecerte frutos hasta en el invierno.
Y no olvides que una vez tú fuiste sol.
Ve,
desata esos diques de corrientes presas,
déjate llevar y vuelve a ser jinete,
baja hasta tus valles de palomas sueltas,
que éste es tu país:
donde están tus riendas,
donde está tu espuma,
donde abandonaste tu camino entonces,
donde naufragaste,
haz nacer mil rosas.
Y no olvides que una vez tú fuiste sol.

(canción: Augusto Blanca; pintura: Santiago Caruso)


Caracol


Quien se ponga a observar
en su lento caminar
a un caracol,
podrá entonces descubrir
que una estela luminosa
va dejando tras su paso,
para luego regresar
por ese mismo lugar,
para luego regresar.
El caracol no le teme
a la región que atraviese,
ya que sabe que al final
una meta encontrará;
sólo le importa llegar.
Y quien se atreva
a interrumpir su paso,
nada de él conseguirá,
porque siempre el caracol,
en estos casos,
se introduce en su coraza.
Y cuando el intruso cesa,
vuelve a salir de su casa
para entonces continuar;
sólo le importa llegar.
Quien se ponga a caminar
a lo largo de un palmar,
podrá ver en una de ellas
que se mece un caracol
como el gran conquistador,
osado, en el penacho más alto,
glorioso, victorioso.
Pero corta será su alegría,
pero inútil será su camino,
pero poco será su reinado,
porque el viento le amenaza.
Y quien no sabe que al caer
de su trono el caracol,
muere para abandonar su carroza
debajo de cualquier hoja
caída de cualquier árbol
en un otoño cualquiera.
Sólo le importó llegar
y no supo regresar.
Sólo le importó llegar
al caracol.

(Augusto Blanca)

El tercer deseo

Voy a irte a buscar allí
al pedazo de noche en que
tropezaron, de pronto,
tus ojos, mis ojos
tan llenos de igual soledad... allí.
Voy a irte a buscar allí,
a tratar de retroceder,
transitar por el tiempo,
y volverte a encontrar
en el mismo lugar que te vi... allí.
Voy a irte a buscar
al instante preciso
en que nuestros rumbos
se unieron en la multitud.
Voy a irte a buscar
al tumulto de pasos,
de rostros, de voces y luces
donde te perdí.
Voy a volver, regresaré,
ve tú también.
Voy a irte a buscar,
a acampar para siempre en ti
y esta vez no habrá fuerza posible
capaz de evitar este encuentro
que presentí.
Voy a irte a buscar,
hace un siglo te conocí
y esta vez no te vas a esfumar,
la marea te trajo por fin hasta mi país.
Voy a irte a buscar,
aunque en ello me juegue
mi tercer deseo,
mi última oportunidad.
Voy a irte a buscar
a través de las miles de vidas
que distan de ti
desde ayer a las diez.
Voy a volver, regresaré,
ve tú también.
Y espérame... ayer... allí.

(canción: Augusto Blanca; foto: Gonzalo HY)

Beso a beijo


En un mundo ideal,
la distancia será
un recuerdo olvidado
y los mapas tendrán
el único color
de los enamorados.
En un mundo ideal,
vamos a inaugurar
un viaje a los sentidos,
donde siempre el amor
tendrá el justo lugar,
su sitio preferido.
Cesarán las fronteras,
los límites infames,
los prejuicios oscuros,
no habrá punto final,
todo se fundirá
en eterna espiral,
como aspas al viento
de un constante molino.
Ese mundo ideal
que soñamos será
un bosque de manzanos
y, desnudos al sol,
de regreso, los dos
tomados de las manos,
beso a beijo, esta vez
hablaremos con Dios
y lo convenceremos…
de que estuvo equivocado.

(canción: Augusto Blanca / Marcello Guimaraes; pintura: René Magritte)