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Piropos

Mi otra mitad,
mi media naranja,
la suela de mi zapato,
la funda de mi machete:

eso eres tú.

Mi contrapartida,
mi signo contrario,
la tuerca de mi tornillo,
la media en mi pie descalzo:
eso eres tú.

La melodía que me falta,
la cuarta de mi guitarra,
el café del desayuno,
la lámpara en mi velador:
eso eres tú.

La suite de mi Cascanueces,
mi Pastoral, mi Gioconda,
mi sinfonía cuarenta
y mis Cuatro estaciones:
eso eres tú.

Mi rabo de nube,
mi verdad amarga,
el huracán de mi palma
y mi Santa Cecilia:
eso eres tú.

Mi María del Carmen,
mi verso sencillo,
mi pequeño romance
y mi mujer habitada:
eso eres tú.

Mi amor en tiempo de cólera,
Penélope de mi Ulises,
mi agua pa' chocolate,
mi eternamente Yolanda:
eso eres tú.

Mi táctica y mi estrategia,
mi canción desesperada,
mi no me dejes ir
poco antes de que den las diez:
eso eres tú.

Comienzo y final,
sur de mi mochila,
el tono de mi belleza,
mi tabla en el mar violento:
eso eres tú, eso eres tú.

(canción: Vicente Feliú; foto: Hugold)

Una mujer desnuda y en lo oscuro

Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra,
de modo que, si ocurre un desconsuelo,
un apagón o una noche sin luna,
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza,
entonces dominguea el almanaque,
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos,
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro.
Una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende,
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente.
Una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte.

(letra: Mario Benedetti; música: Roy Brown)


Ansias del alba

Viaja en el tiempo todo el silencio
que los hombres dejaron detrás de sí.
Monta en su cuento todo el invento
que su corazón deja escapar.
Pasarás y las piedras serán tu perdón,
caminante que vas volviendo a nacer.
Si te acercas verás que podemos sentirlo los dos
y, por fin, de nuevo, a volar.
Tintos en sangre, mares y el viento,
de lo humano que pide vivir aquí.
Toda tu vida corre el peligro
de vivir lo que quieres creer.
Savia del alma, ventura en la sangre que no ha de morir;
y si no, ¿cómo hay que seguir?
Pronto será cuando estemos sintiendo otra vez por amor;
y si no, ¿qué puedes tener?
Dame un pedazo, llévame en brazos,
que otra vez necesito sentirme en paz.
Patria sagrada, ansias del alba,
no te olvides que andamos muy mal sin ti.
Danza en el hombre un infierno capaz de matarse y matar
desde la ternura hasta el sol.

Fieles amantes, cerrojos y pactos, volcanes que están
reclamando milagros del bien.
Vueltas eternas, calles desiertas,
la memoria girando en la luz.
Viaja en el tiempo todo el silencio
que los hombres dejaron detrás de sí.

(canción: Santiago Feliú / Iván Latour; diseño: OSPAAAL)


No te cambio


Compañera, si me alejo un día,
una tarde, una mañana, un junio,
sólo es momentánea la partida,
no te escribo en despedida
porque no levanto un muro.
Llevo tu cintura bajo el brazo,
brilla cada nota en cada aplauso,
cura una canción cualquier ausencia
y aligera la impaciencia
de regreso hasta tu abrazo.
No te cambio por un verso,
una voz, una palabra,
eres parte de este intento,
de estas manos, de esta causa.
Y no vale una tonada
más que el tono de tu cuerpo
cuando cae sobre la almohada
la tormenta de tu pelo.
Compañera, si despiertas una,
piensa que uno somos en silencio,
es la soledad buena fortuna
cuando brilla entre la espera
de quien prometió regreso.
No es esta verdad antagonismo
contra la verdad que nos ampara,
no hay rivalidad, no existe el abismo
entre métricas y ritmos
y mi boca por tu espalda.

(Alejandro Filio)

Créeme


Créeme,
cuando te diga que el amor me espanta,
que me derrumbo ante un "te quiero" dulce,
que soy feliz abriendo una trinchera.
Créeme,
cuando me vaya y te nombre en la tarde
viajando en una nube de tus horas,
cuando te incluya entre mis monumentos.
Créeme,
cuando te diga que me voy al viento
de una razón que no permite espera,
cuando te diga "no soy primavera,
sino una tabla sobre un mar violento".

Créeme,
si no me ves y no te digo nada,
si un día me pierdo y no regreso nunca.
Créeme,
que quiero ser machete en plena zafra,
bala feroz al centro del combate.
Créeme,
que mis palomas tienen de arco iris,
lo que mis manos de canciones finas.
Créeme,
créeme, porque así soy
y así no soy de nadie.

(Vicente Feliú)

El colibrí


Nacía una flor, a orillas de una fuente,
más pura que la flor de la ilusión
y el huracán tronchola de repente
cayendo al agua la preciosa flor.

Un colibrí que en su enramaje estaba
corrió a salvarla solícito y veloz
y, cada vez que con el pico la tocaba,
sumergíase en el agua con la flor.

El colibrí la persiguió constante
sin dejar de buscarla en su aflicción
y cayendo desmayado en la corriente
corrió la misma suerte que la flor.

Y así hay en este mundo seres
que la vida les cuesta un tesoro;
yo soy el colibrí, si tú me quieres,
mi pasión es el torrente y tú la flor.

(anónimo s. XIX)