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La bañera


Te sorprendí a través
del cristal de la bañera,
cuando una puerta abierta
me invitó a mirar la escena
de tu piel que, entre las nubes de vapor,
se humedece y se despierta.
El agua cae constante,
te recorre y busca el suelo.
Recuerdo que en la tarde
era yo quien medía tu cuerpo
con la constancia de quien
descubre eso que anda buscando
y aun así se da su tiempo.
Y te miro a través
del cristal de la bañera,
recoges el jabón
y me concentro en tus caderas,
lo pasas por tu piel tan dulcemente
que le envidio su carrera.
Tus gestos no se ven,
ni se ve el color de tus ojos,
disueltos con vapor tus labios
no llevan su tono usual de rojo
y el tono de tu piel
siempre contra el de la pared
resulta en curva, contornos,
jabón y espuma...
El remedio para mi sed,
digo bien para mi sed.
Te estoy mirando a través
del cristal de la bañera,
lo miro casi todo
y todo lo que veo me ciega.
No te he llamado y tú
en tu intimidad no te das cuenta.
Pensaba visitarte y tú
tan bella e indispuesta
que me decidí a marcharme
pero no a cerrar la puerta
para verte cuando escribo
y no sea que... desaparezcas.

(canción: Fernando Delgadillo; foto: Trevor Brady)

Tomando café

Te veo tomando café
como desde hace tantos años
y me resulta inevitable
decirte que te amo.
Que se me antoja recordar
el fuego que hemos olvidado,
que por debajo de la mesa
se den vuelo nuestras manos.
Y rodar y rodar por el suelo
enredado en la maraña de tu pelo,
y levantarnos para hacernos monumento
al amor, a la lujuria y al deseo.
Y verte sonreír
con ese gesto de quien sabe que ha pecado,
y volver a sentir
esas piernas que se doblan de cansancio.
Te veo tomando café
como desde hace tantos años
y se me hace agua la boca
y te me sigues antojando.
Me dices no sé bien qué
mientras yo estoy en otro lado
imaginando que tu boca
se abre y me va tragando.
Y rodar y rodar por el suelo
asomándome al vacío de tus pechos,
y levantarnos para hacernos monumento
al amor, a la lujuria y al deseo.
Y verte sonreír
con ese gesto de quien sabe que ha pecado,
y volver a sentir
las rodillas y los codos lastimados.

(canción: Carlos Arellano; pintura: Gil Gamundi)

Hoy ten miedo de mí


Hoy que llevo en la boca el sabor a vencido,
procura tener a la mano a un amigo
que cuide tu frente y tu voz,
y que cuide de ti, para ti, tus vestidos.
Y a tus pensamientos, mantenlos atentos;
y a mano tu amigo.
La importancia de verte morderte los labios de preocupación
es hoy tan necesaria como verte siempre,
como andar siguiéndote con la cabeza en la imaginación.
Porque, ¿sabes? ─y si no lo sabes, no importa─,
yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan después unos labios,
esos labios rojos y afilados,
y estos puños que tiemblan de rabia cuando estás contenta,
que tiemblan de muerte si alguien se te acercara a ti.
Hoy procura que aquella ventana
que mira a la calle en tu cuarto se tenga cerrada,
porque no vaya ser yo el viento de la noche
y te mida y recorra la piel con mi aliento
y hasta te acaricie y te deje dormir
y me meta en tu pecho y me vuelva a salir
y respires de mí.
O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos,
y todo por no hacerme un poco de caso.
Ten miedo de mayo, y ten miedo de mí.
Porque no vaya a ser que, cansado de verte,
me meta en tus brazos para poseerte
y te arranque las ropas y te bese los pies
y te llame mi diosa
y no pueda mirarte de frente
y te diga llorando después:
Por favor tenme miedo,
tiembla mucho de miedo, mujer,
porque no puede ser.

(letra: Fernando Delgadillo; cuadro: Gustav Klimt)