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No olvides que una vez tú fuiste sol

No olvides que una vez tú fuiste sol,
no olvides ni la tapia, ni el laurel;
no dejes de asombrarte al asistir
a un nuevo nacimiento en tu jardín.
No pierdas una ventana,
no entregues tus mañanas
de aguaceros y juegos,
ni desentierres tesoros viejos.
No ocultes lo que ayer se te ofreció,
no escondas ni la pena ni el dolor,
no dejes que una nube diga “adiós”,
no saltes en pedazos,
no asustes tu diamante.
No entregues tu perfecto amanecer,
ni tus estrellas, ni tu arena, ni tu mar,
ni tu incansable caminar.
Vete de nuevo hasta el arroyo
donde está tu mejor canto.
Y ve,
cálmale la sed a tus enormes prados,
no permitas que se pierda tu cosecha;
hoy,

que hasta la lluvia fiel no te ha escuchado,
busca tu raíz.
Y dale la caricia, la que siempre espera,
la única manera de hacerla que vuelva
a ofrecerte frutos hasta en el invierno.
Y no olvides que una vez tú fuiste sol.
Ve,
desata esos diques de corrientes presas,
déjate llevar y vuelve a ser jinete,
baja hasta tus valles de palomas sueltas,
que éste es tu país:
donde están tus riendas,
donde está tu espuma,
donde abandonaste tu camino entonces,
donde naufragaste,
haz nacer mil rosas.
Y no olvides que una vez tú fuiste sol.

(canción: Augusto Blanca; pintura: Santiago Caruso)


Señalada por el índice del sol


La recuerdo a mi madre algunas tardes
cuando cedo a la costumbre de la siesta,
de chico era penado no dormirlas
con terribles temporadas sin veredas.
La recuerdo a mi madre soberana
sobre un inquieto trompo de polleras,
sonriente como bota que han lustrado,
victoriosa como trigo que verdea.
Se entendía con los gallos y la luna,
si quería que le dieran hora buena,
y para ella el día ya era viejo,
cuando el sol asomaba a sus tareas.
Era un garito oscuro la cocina,
y allí ganaba ella sus apuestas
en un truco con naipes de lechuga
o un billar culinario con ciruelas,
A los patios enormes de la infancia
iba mi madre y allí dejaba huellas,
cada año hasta hoy las ha seguido
el malvón para encontrar la primavera.
Ella hizo de la vida y sus suburbios
una cuestión de amor y de pureza,
señalada por el índice del sol,
anda mi madre para que yo la vea.

(canción: Rafael Bielsa / Charly Pagura; foto: Any Manetta)