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Vente

Vente,
que te espero en la aduana del cariño
con un carnet falso,
con una foto de cuando era un niño.
Vente,
tengo muchos agujeros en el brazo,
cada uno es de un abrazo
que quise darte y tú no hacías caso.
Vente,
pero espérate un ratito que me inyecte
tu mirada en dosis que me vienen ganas
porque siempre estás ausente.
Vente,
que ahora aprieto el émbolo más fuerte
para que vengas a verme
y luego te desvaneces, y luego te desvaneces.
Y la infecta jeringuilla es tu cuerpo y me parece
que me devuelve la vida
y es a ti a quien me devuelve.
Tu camino es mi brazo, tu destino es mi vena,
por haberte conocido tengo encima esta condena,
pero no quiero abstinencia,
quiero alterar mi conciencia
y al cerrar los ojos verte a ti aunque me muera.
Sangre,
no me importa si contagio mi sangre,
porque cuando veo tus ojos todo arde
y me consumo despacio por tocarte.
Sangre,
que se quedó envenenada en una tarde
cuando conocí a mi ángel
e hicimos el amor en cada parque.
Sangre,
que brotó en cada palabra que nos dimos,
en cada beso, en cada pico,
hasta que me abandonaste.
Sangre,
no quiero desintoxicación de nadie,
que no estoy intoxicado
si no es por encontrarte, si no es por encontrarte.
Y la infecta jeringuilla es tu cuerpo y me parece
que me devuelve la vida
y es a ti a quien me devuelve...

(Carlos Chaouen)

Pintando en el cielo


Una nube azul, asomo de tormenta y el otoño en ti
es siempre primavera necesito huir
a un mundo de miradas transparentes
debí haberte besado más urgentemente
debí haberte ofrecido más en todos los sentidos
pero me enamoré de las gaviotas
que volaban a otros nidos.
Una cita hoy de aquellas de domingo
me podría salvar de todos los hechizos
estaré en el bar
allí dónde se cruzan mis caminos
dónde voy desmembrando a mis amigos
dónde voy aduciendo la necesidad del beso
en vaporosos iris dilatados de la mano de un mal vino.
Me paso la vida
buscando un enigma
pintando en el cielo
me muero en tu risa
no he estado en mejor estación que en tu pecho
Me paso la vida
buscando un enigma pintando en el cielo
y si me condenas
elijo la crucifixión en tu pelo.
Y pasea Madrid
al ritmo de mis pasos
y otro corazón que suena a blasfemia
pido algún favor
a las estrellas solas de la noche
y añoro la complicidad del coche
buscando aparcamiento como quién buscaba aliento
y todos los semáforos en rojo
eran puntos de derroche.
Me paso la vida...

(canción: Carlos Chaouen; foto: Laurent Laveder)

La vida amurallada


Todos los caminos son de arena y las carreteras esperan por ti
Detrás del pañuelo se me quema la esperanza de poder verte reír
Quedan perros muertos en la acera, soy una flor seca a punta de fusil
Hay un cielo que revienta estrellas y en las cárceles duermen sospechas hoy
Y los niños juegan a la guerra, yo soy la raíz de la tierra en que estoy
Quedan hombres muertos en la acera y el futuro tira piedras al convoy
Y la vida amurallada, y la muerte es el despertador
Y la luna tan callada que se pone roja de rubor
Y el hombre sólo palabras, se hace viejo cuando sale el sol
Y la vida que se escapa, ¿en qué bala está tu corazón?
Todas las heridas son la misma sangre
No valen trincheras cuando aprieta el hambre
Nunca tus pupilas pueden ser vencidas
Un mundo en silencio es un mundo homicida
Yo le grito al aire, que te dé la vida
Los enamorados tan distantes como están los tanques del sepulcro aquel
Que guarda las bombas de un gigante que nos acribilla contra la pared
Cielo ven a verme a la alambrada, traigo agua de lluvia pa calmar la sed
Y la vida amurallada, y la muerte es el despertador
Y la luna tan callada que se pone roja de rubor
Y el hombre sólo palabras, se hace viejo cuando sale el sol
Y la vida que se escapa, ¿en qué bala está tu corazón?

(Carlos Chaouen)

La reina


Aunque no sea el más guapo de todos los inmortales
Quisiera ser el sereno de tus cositas terrenales
Como no tengo calesa ni cuadras de pura sangre
Yo te llevo a caballito pa enseñarte toa las calles
No me hacen falta pistolas ni castillos en el aire
Te regalaré un imperio en Cádiz por carnavales
Tu lengua es un mar despacio que a mí me mece en sus olas
Que teniendo aquí tu boca pa qué quiero yo un palacio
Ni yo soy el rey ni príncipe del vecindario
Pero tú eres la reina de mis telediarios
Mi voz es mi ley, mi frontera son tus piernas
Y toda, toda tu risa me la pongo por bandera
Yo soy lo que veis, príncipe del abecedario
Y toda, toda mi corte es mi corte de salario
Corónate, ponte flores en la melena
Que hoy tenemos una audiencia
Con un puchero de hierba de la buena
Pondremos en la almohada y en cualquier lugar urgente
De este cuento sin hadas, después de noches calientes
Mañanitas de mermelada
Soy monarca de tu horario, el infante de tus piernas
El esclavo de tus labios, lacayo de tus caderas
Tu lengua es un mar despacio que a mí me mece en sus olas
Que como se está en tu boca, no se está en ningún palacio

(letra: Carlos Chaouen; foto: Robert Doisneau)

No me canso

a Roberto y a Carmen

Estoy desnudo al amanecer
en este último piso abuhardillado.
No sé si ponerme a 100
o darme una tregua en el lavabo.
No tengo dinero para el tren
que me lleva a tu barrio.
Necesito aire en el pulmón
del cielo de tus labios.
La ventana ha cedido al sol
que me aporta calor y algo de pena.
No queda nada de alcohol
quién fuese Cristo en la última cena.
No sé si mandarte una postal
tatuada de ilusiones.
O alucinarme un carnaval
lleno de pasodobles.
Mi corazón babea a popa,
no sé dónde está mi ropa,
la habré perdido junto al miedo.
No me canso de quitarme el sombrero
cuando llueve por mojarme las canciones.
Y no me daré cuenta en esta puta vida
que lo que yo quiero es rellenar tus rincones.
No me canso de mirarte la cara,
no me canso de vivir en escenarios
y no hay más adversarios
que nosotros de espalda,
que el amor son tres flores
que se riegan a diario.
Las pupilas ya sacian su sed
en el veneno de la enredadera.
Invento el color también
de las vocales con sabor a fresa.
Visita la tarde leve, azul,
ángel de luz de cárcel.
La mar arde y no estás tú
y se hace menos tarde.
La ventana prescindió del sol
que va de migración hasta mañana.
Ya llegó la ansiada luna
que nunca nos evita las miradas.
Hay un paraíso en cada piel
y un dios en cada hombre.
Yo sigo poniendo en el sofá
cojines de canciones.
Mi corazón babea a popa...

(letra: Carlos Chaouen; dibujo y foto: Carmen G)