No olvides que una vez tú fuiste sol, no olvides ni la tapia, ni el laurel; no dejes de asombrarte al asistir a un nuevo nacimiento en tu jardín. No pierdas una ventana, no entregues tus mañanas de aguaceros y juegos, ni desentierres tesoros viejos. No ocultes lo que ayer se te ofreció, no escondas ni la pena ni el dolor, no dejes que una nube diga “adiós”, no saltes en pedazos, no asustes tu diamante. No entregues tu perfecto amanecer, ni tus estrellas, ni tu arena, ni tu mar, ni tu incansable caminar. Vete de nuevo hasta el arroyo donde está tu mejor canto. Y ve, cálmale la sed a tus enormes prados, no permitas que se pierda tu cosecha; hoy, que hasta la lluvia fiel no te ha escuchado, busca tu raíz. Y dale la caricia, la que siempre espera, la única manera de hacerla que vuelva a ofrecerte frutos hasta en el invierno. Y no olvides que una vez tú fuiste sol. Ve, desata esos diques de corrientes presas, déjate llevar y vuelve a ser jinete, baja hasta tus valles de palomas sueltas, que éste es tu país: donde están tus riendas, donde está tu espuma, donde abandonaste tu camino entonces, donde naufragaste, haz nacer mil rosas. Y no olvides que una vez tú fuiste sol.
(canción: Augusto Blanca; pintura: Santiago Caruso)
Cuando salgas, luna llena, ya andará con su cría mi paloma: la blanca de ojos rojos, la incansable.
Cuando salgas, luna llena, no hagas caso del perro si te ladra: el muy torpe no sabe cómo amarte.
Cuando salgas, luna llena, recuerda que aquí están mis compañeros. Dales a ellos también de tu luz, de la más clara.
Cuando salgas, luna llena, haremos una fiesta en mi ventana y en el horno habrá un pan de tu tamaño.
(Noel Nicola)
(Il postino, 1994 - Michael Radford)
No dejaste aquel invierno que durmiera solo en casa y contigo me quedé. Debe ser porque te quiero, he atrapado aquel momento como si fuera de ayer. Tu mirada llena de miradas mías, y la noche afuera. Qué tenía aquel cuartito que albergaba un universo y a nosotros dos, donde me hablabas bajito y reprimías un grito presa de la excitación. Y yo por la luna doble de tu pecho, y la noche afuera. Traigo flores como aquéllas, velas como las de entonces y un aroma marroquí. Echaré el colchón al suelo y que tus labios al vuelo me lleven de nuevo allí. Y la vida entera yo me pasaría, y la noche afuera. Tu mirada llena de miradas mías, y la noche afuera. Y yo por la luna doble de tu pecho, y la noche afuera. Y la vida entera yo me pasaría, y la noche afuera.
tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí, resucitando. Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal porque me mató tan mal, y seguí cantando. Cantando al sol como la cigarra después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente que vuelve de la guerra. Tantas veces me borraron, tantas desaparecí, a mi propio entierro fui sola y llorando. Hice un nudo en el pañuelo pero me olvidé después que no era la única vez, y seguí cantando. Cantado al sol como la cigarra después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente que viene de la guerra. Tantas veces te mataron, tantas resucitarás, tantas noches pasarás desesperando. A la hora del naufragio y la de la oscuridad alguien te rescatará para ir cantando. Cantando al sol como la cigarra después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente que vuelve de la guerra.
Maldita lluvia la de hoy, que no te deja ni llegar a tiempo. Maldita lluvia la de hoy, que no hace más que recordar tu aliento. Llueve, tú no has llegado y un gorrión pierde sus alas, el polvo que anda acumulado en mi ventana la desfigura y me la vuelve como un mapa. Llueve, se desmoronan las paredes de mi casa, el mundo buitre viene y se posa en mi espalda con su antivida, su antiamor, su antipalabra. Maldita lluvia la de hoy, que me hace ver el mundo en blanco y negro. Maldita lluvia la de hoy, desgarradura en el cristal del viento. Llueve, un cono sur, cruz retorcida, cruz gamada, sombra chinesca de traición, gran contramarcha, un apartheid es como un tajo en las entrañas. Llueve, una Polonia confundida y entrampada, un Salvador salvando en sangre la esperanza, una razón decapitada en Guatemala. Llueve, y ya la lluvia hoy es veneno aunque llegaras, una canción atravesada en la garganta, un estallido de neutrones en el alma. (letra: Noel Nicola; foto: Yanko Millán)
Búscame donde sientas que está ardiendo, donde se eternizan los recuerdos, donde no me encuentres, donde estuve, donde se olvidaron de quererte.
Si todo el amor del mundo está tiritando, cada segundo cuesta un siglo de espera. Dime si lo que sientes no es lo profundo, en cada momento del alma de esta escalera.
Búscame donde la ilusión tuvo hijos, sobrevolando un sueño que acuna el tiempo, en la más melancólica melodía, incinerando infiernos para tu vida.