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Locuras

a Laura
Hay locuras para la esperanza,
hay locuras también del dolor
y hay locuras de allá,
donde el cuerdo no alcanza,
locuras de otro color.

Hay locuras que son poesía,
hay locuras de un raro lugar,
hay locuras sin nombre,
sin fecha, sin cura,
que no vale la pena curar.

Hay locuras que son
como brazos de mal:
te sorprenden, te arrastran,
te pierden y ya.

Hay locuras de ley,
pero no de buscar.
Hay locuras que son la locura:
personales locuras de dos.

Hay locuras que imprimen
dulces quemaduras,
locuras de diosa y de dios.
Hay locuras que hicieron el día,
hay locuras que están por venir.

Hay locuras tan vivas,
tan sanas, tan puras,
que una de ellas será mi morir.

(canción: Silvio Rodríguez; foto: Javier Buchberger)

¿Adónde van?

¿Adónde van las palabras que no se quedaron?
¿Adónde van las miradas que un día partieron?
¿Acaso flotan eternas,
como prisioneras de un ventarrón,
o se acurrucan entre las hendijas,
buscando calor?
¿Acaso ruedan sobre los cristales,
cual gotas de lluvia que quieren pasar?
¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
¿Acaso se van?
¿Y adónde van?
¿Adónde van?

¿En qué estarán convertidos mis viejos zapatos?
¿Adónde fueron a dar tantas hojas de un árbol?
¿Por dónde están las angustias
que desde tus ojos saltaron por mí?
¿Adónde fueron mis palabras sucias
de sangre de abril?
¿Adónde van ahora mismo estos cuerpos
que no puedo nunca dejar de alumbrar?
¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
¿Acaso se van?
¿Y adónde van?
¿Adónde van?

¿Adónde va lo común, lo de todos los días:
el descalzarse en la puerta, la mano amiga?
¿Adónde va la sorpresa
casi cotidiana del atardecer?
¿Adónde va el mantel de la mesa,
el café de ayer?
¿Adónde van los pequeños terribles encantos
que tiene el hogar?
¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
¿Acaso se van?
¿Y adónde van?
¿Adónde van?

(canción: Silvio Rodríguez; foto: Gonzalo HY)

Ojalá


Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan,
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones.
Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.

Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

(Silvio Rodríguez)

Y Mariana

Siempre hay quien quisiera ser distinto,
nadie está conforme con lo que le tocó:
el de edad quisiera ser un niño
y el rapaz se raspa sus pelusas en flor.

Los que tienen nada quieren algo,
los que tienen algo quieren todavía más.
Para pretender el mundo es largo,
para conformarse se ha inventado el jamás.

Un señor quisiera ser mujer
y una chica quiere ser señor.
Hasta Dios sueña que es un poder.
Y Mariana quiere ser canción.

La tolerancia es la pasión de los inquisidores.
El buen ladrón quisiera no tener que robar.
Le deben al silencio la voz los ruiseñores.
La eternidad no es más que un truco para continuar.

La libertad sólo es visible para quien la labra
y en lo prohibido brilla astuta la tentación.
Nacer a veces mata y ser feliz desgarra.
¿A quién acusaremos cuando triunfe el amor?

Un señor quisiera ser mujer
y una chica quiere ser señor.
Hasta Dios sueña que es un poder.
Y Mariana quiere ser canción.

(canción: Silvio Rodríguez; foto: Gonzalo HY)

Te doy una canción

Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio,
cómo no te me quitas de las ganas,
aunque nadie me ve nunca contigo.
Y cómo pasa el tiempo,
que de pronto son años,
sin pasar tú por mí, detenida.
Te doy una canción, si abro una puerta,
y de las sombras sales tú.
Te doy una canción de madrugada,
cuando más quiero tu luz.
Te doy una canción cuando apareces
el misterio del amor.
Y si no lo apareces, no me importa:
yo te doy una canción.
Si miro un poco afuera, me detengo:
la ciudad se derrumba y yo cantando.
La gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.
Creen que lo digo todo,
que me juego la vida,
porque no te conocen ni te sienten.
Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar.
Te doy una canción con mis dos manos,
con las mismas de matar.
Te doy una canción y digo: “Patria”,
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción como un disparo,
como un libro, una palabra, una guerrilla,
como doy el amor.

(canción: Silvio Rodríguez; foto: Gonzalo HY)

El breve espacio en que no estás

Todavía quedan restos de humedad,
sus olores llenan ya mi soledad.
En la cama su silueta
se dibuja cual promesa
de llenar el breve espacio
en que no está.

Todavía yo no sé si volverá,
nadie sabe al día siguiente lo que hará.
Rompe todos mis esquemas,
no confiesa ni una pena,
no me pide nada a cambio
de lo que da.

Suele ser violenta y tierna,
no habla de uniones eternas,
mas se entrega cual si hubiera
sólo un día para amar.
No comparte una reunión,
mas le gusta la canción
que comprometa su pensar.

Todavía no pregunté “¿te quedarás?”.
Temo mucho a la respuesta de un “jamás”.
La prefiero compartida
antes que vaciar mi vida.
No es perfecta, mas se acerca
a lo que yo simplemente soñé.

(canción: Pablo Milanés; foto: Gonzalo HY)

Trovador sin suerte

Cuando te me fui a acercar,
¡pum! tropecé;
y cuando ya te fui a hablar,
estornudé.
Alguien pasó por detrás
y me empujó.
Yo te traía una flor,
se me cayó.
Pero me queda mi canción,
aun así me queda mi canción,
a pesar de mi mala suerte.
Y esa es una buena razón,
una magnífica razón,
para estar vivo simplemente,
para sentir, para soñar
y amar.
Y te canté una canción,
me equivoqué.
Creí que te iba a gustar,
desafiné.
Pero me queda corazón,
aun así me queda corazón,
a pesar de mi mala suerte.
Y esa es una buena razón,
una magnífica razón,
para estar vivo simplemente,
para sentir, para soñar
y amar.
Quise seguir la canción,
se me olvidó…

(canción: Noel Nicola; foto: Gonzalo HY)

Réquiem


Disfruté tanto tanto cada parte
y gocé tanto tanto cada todo
que me duele algo menos cuando partes
porque aquí te me quedas de algún modo.
Ojalá nunca sepas cuanto amaba
descubrirte los trillos de la entrega
y el secreto esplendor con que esperaba
tu reclamo de amor que ya no llega.
Anda, corre donde debas ir.
Anda, que te espera el porvenir.
Vuela, que los cisnes están vivos,
mi canto está conmigo,
no tengo soledad.
Si uno fuera a llorar cuanto termina,
no alcanzaran las lágrimas a tanto,
nuestras horas de amor casi divinas
es mejor despedirlas con un canto.

(canción: Silvio Rodríguez; foto: Cadejo)


Verbos en juego


Si tu signo es jugar, juégalo todo:
tu camisa, tu patio, tu salud.
Si tú debes jugar de cualquier modo,
juega bien, con virtud.
Pero, ay amor, ay amor,
no te juegues el corazón,
ay amor, ay amor.
Pon el verbo azul, corazón.
Pon el verbo cien, corazón.
Pon el verbo tú,
pero pon el verbo que te haga bien.
Si tu signo es arder, arde con todo:
tu camisa, tu patio, tu salud.
Si tú debes arder de cualquier modo,
arde bien, con virtud.
Pero, ay amor, ay amor,
no te quemes el corazón,
ay amor, ay amor.
Pon el verbo azul, corazón.
Pon el verbo cien, corazón.
Pon el verbo tú,
pero pon el verbo que te haga bien.
Si tu signo es cantar, cántalo todo:
tu camisa, tu patio, tu salud.
Si tú debes cantar de cualquier modo,
canta bien, con virtud.
Pero, ay amor, ay amor,
canta siempre de corazón,
ay amor, ay amor.
Pon el verbo azul, corazón.
Pon el verbo cien, corazón.
Pon el verbo tú,
pero pon el verbo que te haga bien.

(canción: Silvio Rodríguez; foto: Gonzalo HY)

El tercer deseo

Voy a irte a buscar allí
al pedazo de noche en que
tropezaron, de pronto,
tus ojos, mis ojos
tan llenos de igual soledad... allí.
Voy a irte a buscar allí,
a tratar de retroceder,
transitar por el tiempo,
y volverte a encontrar
en el mismo lugar que te vi... allí.
Voy a irte a buscar
al instante preciso
en que nuestros rumbos
se unieron en la multitud.
Voy a irte a buscar
al tumulto de pasos,
de rostros, de voces y luces
donde te perdí.
Voy a volver, regresaré,
ve tú también.
Voy a irte a buscar,
a acampar para siempre en ti
y esta vez no habrá fuerza posible
capaz de evitar este encuentro
que presentí.
Voy a irte a buscar,
hace un siglo te conocí
y esta vez no te vas a esfumar,
la marea te trajo por fin hasta mi país.
Voy a irte a buscar,
aunque en ello me juegue
mi tercer deseo,
mi última oportunidad.
Voy a irte a buscar
a través de las miles de vidas
que distan de ti
desde ayer a las diez.
Voy a volver, regresaré,
ve tú también.
Y espérame... ayer... allí.

(canción: Augusto Blanca; foto: Gonzalo HY)

Mujeres

Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos
hacia la estrella de aquella otra madre mayor
y cómo los recogía del polvo teñidos
para enterrarlos debajo de su corazón.
Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo,
siempre a la sombra y llenando un espacio vital.
Me estremeció la mujer que incendiaba los trillos
de la melena invencible de aquel alemán.
Me estremeció la muchacha,
hija de aquel feroz continente,
que se marchó de su casa
para otra de toda la gente.
Me han estremecido un montón de mujeres,
mujeres de fuego, mujeres de nieve.
Pero lo que me ha estremecido
hasta perder casi el sentido,
lo que a mi más me ha estremecido,
son tus ojitos, mi hija, son tus ojitos divinos.
Me estremeció la mujer que parió once hijos
en el tiempo de la harina y un kilo de pan
y los miró endurecerse mascando carijos.
Me estremeció porque era mi abuela además.
Me estremecieron mujeres
que la historia anotó entre laureles.
Y otras desconocidas, gigantes,
que no hay libro que las aguante.

(canción: Silvio Rodríguez; pintura: Oswaldo Guayasamín)

Créeme


Créeme,
cuando te diga que el amor me espanta,
que me derrumbo ante un "te quiero" dulce,
que soy feliz abriendo una trinchera.
Créeme,
cuando me vaya y te nombre en la tarde
viajando en una nube de tus horas,
cuando te incluya entre mis monumentos.
Créeme,
cuando te diga que me voy al viento
de una razón que no permite espera,
cuando te diga "no soy primavera,
sino una tabla sobre un mar violento".

Créeme,
si no me ves y no te digo nada,
si un día me pierdo y no regreso nunca.
Créeme,
que quiero ser machete en plena zafra,
bala feroz al centro del combate.
Créeme,
que mis palomas tienen de arco iris,
lo que mis manos de canciones finas.
Créeme,
créeme, porque así soy
y así no soy de nadie.

(Vicente Feliú)

Quién fuera


Estoy buscando una palabra
en el umbral de tu misterio.
¡Quién fuera Alí Babá!
¡Quién fuera el mítico Simbad!
¡Quién fuera un poderoso sortilegio!
¡Quién fuera encantador!
Estoy buscando una escafandra,
al pie del mar de los delirios.
¡Quién fuera Jacques Cousteau!
¡Quién fuera Nemo, el capitán!
¡Quién fuera el batiscafo de tu abismo!
¡Quién fuera explorador!
Corazón obscuro,
corazón con muros,
corazón que se esconde,
corazón que está donde,
corazón en fuga,
herido de dudas de amor.
Estoy buscando melodía
para tener como llamarte
¡Quién fuera ruiseñor!
¡Quién fuera Lennon y McCartney,
Sindo Garay, Violeta, Chico Buarque!
¡Quién fuera tu trovador!

(Silvio Rodríguez)

Canción para dormir a un viejo


Abierto reposa el viejo en su sillón,
mira la calle, dice palabras
que sobreviven sólo en su voz.
Repisas y jaulas, lo deben amortajar,
porque sus sueños, secos y ajados,
de donde yacen, no volverán.
Lo veo y casi quisiera darle una flor,
pero la historia de este planeta
no va a caberme en una canción.
Si existe consuelo, consiste en comprender
que cuando a un niño le queda corta
una camisa es de crecer.


(canción: Silvio Rodríguez; imágenes: película Smultronstället, 1957 - Ingmar Bergman)

Óleo de mujer con sombrero

Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo,
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar.
Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
con otra figura que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.
La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.
Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.
Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno, me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir.

(canción: Silvio Rodríguez; pintura: Marc Chagall)

La gota de rocío


La gota de rocío
del cielo se cayó
y en ella el amor mío
la carita se lavó.
Pero era tan temprano
que no salía el sol
y se helaron las manos
y mejillas de mi amor.
Creí que las estrellas
la iban a buscar
y que en su cara bella
se ponían a jugar.
Me dijo:"Tengo frío,
acércame calor",
y fui con tanto brío
que encendí su corazón.
Y mientras la besaba
me dijo en un temblor:
"Esto es lo que faltaba
para que saliera el sol".
!Oh! gota de rocío
no dejes de caer
para que el amor mío
siempre me quiera tener.

(Silvio Rodríguez)

El colibrí


Nacía una flor, a orillas de una fuente,
más pura que la flor de la ilusión
y el huracán tronchola de repente
cayendo al agua la preciosa flor.

Un colibrí que en su enramaje estaba
corrió a salvarla solícito y veloz
y, cada vez que con el pico la tocaba,
sumergíase en el agua con la flor.

El colibrí la persiguió constante
sin dejar de buscarla en su aflicción
y cayendo desmayado en la corriente
corrió la misma suerte que la flor.

Y así hay en este mundo seres
que la vida les cuesta un tesoro;
yo soy el colibrí, si tú me quieres,
mi pasión es el torrente y tú la flor.

(anónimo s. XIX)